Publicado en literatura, pequeños relatos

Erase una vez… el castillo de las Damas.

El pitido del móvil  le anunció   un nuevo whatsapp. Era la  foto de un  grupo  de turistas dirigiéndose ordenadamente a un castillo francés.

Hoy nos toca Chenanceau, indicaba su amiga a pie de foto.

Nada más verla, a casi 2000 kilómetros de distancia, la que había recibido el mensaje  dejaba  volar sus recuerdos, transportándose a aquel  2003 que  viajaron  de Málaga a Paris, alquilaron un coche (un Peugeot para que quedase todo  muy de la tierra)  y allá que se lanzaron a recorrer el Valle del Loira.

Había pasado mucho tiempo, y muchas cosas  habían cambiado, como su hija, que ya no era esa pequeña de rizos  que viajaba con sus padres a golpe de saltos y canciones.

Ese era su castillo favorito, el conocido como  Castillo de   las damas  porque su destino siempre  estuvo en manos de mujeres poderosas.

Sirvió de hospital militar en la Primera Guerra Mundial, mira como colocaban las camas de los enfermos, iba comentándole su amiga a golpe de fotos y whasapp.

El castillo es precioso, y nos lo han explicado muy bien. Ahora nos dejan tiempo libre y queremos ver  los alrededores, hay  un pequeño bosque  donde mucha gente trae a pasear a sus mascotas.

Mira que niña más simpática nos hemos  encontrado y me ha dejado fotografiar con ella y su  perrito. Es una familia española, del sur, como tú. 

Tras un primer impactante momento, su amiga sonrió.

Días después, con la  amiga viajera ya de vuelta en casa, decidió escribir y colgar algunas de sus fotos  en el castillo francés de las damas, donde en aquel 2003  había sentido tan extrañas sensaciones.

No te lo vas a creer, esa foto que has colgado de tu hija en el castillo…, tu hija se parece muchísimo a  aquella niña del perrito   con la que me fotografié hace unos días   .Si no fuera totalmente imposible, diría que es ella. ¡El parecido es increíble!  Voy a buscar la foto para que la veas….

 

No está, ¡ justo esa foto no está!….! Ha desaparecido, ya no la tengo!

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SOBRE ESCRITORES NEGROS Y FANTASMAS

El otro día leí un artículo, un post como se dice ahora, escrito por mi escritora favorita, Mercedes Pinto, sobre la utilización de “negros” o “escritores fantasmas” por parte de algunos  “escritores” que bien porque no saben , no pueden, o no les apetece,  mandan escribir a otros para  ellos después firmar con su nombre. Pues yo lo veo un pelín “tranfullería”, sí, estará muy difundido a lo largo de la historia  y bien pagado, pero … Es como si vengo yo ahora con que anoche no podía dormir , cogí una hoja de papel y un lápiz y no paré hasta hacerle éste bonito  retrato a mi gato Zape. Sin dudarlo , tengo que admitir que  me ha quedado mucho más estético  que si en verdad lo hubiese hecho yo misma, (en vez de hacerle una foto y pasarla por uno de esos programas de edición  tan “chulis” que tiene el teléfono) y  lo mismo que mi dibujo sale ganando con mi no aportación, la literatura también  con que algunos “escritores” no escriban ellos mismos, pero insisto, eso es ser “tranfullero”  .

Y para los de fuera  de Málaga, aclaración lingüística:

“ Tranfullero”: fullero en su grado máximo.

Y fullero es el que hace fullerías, así que el tranfullero es el peor de todos los fulleros”.

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Castillo de Chenonceau

EL CASTILLO DE LAS DAMAS

El castillo de Chenonceau, propiedad de la Corona y residencia real, es un paraje de excepción por su original diseño, la riqueza de sus colecciones, su mobiliario y decoración, pero también por su destino, ya que fue querido, administrado y protegido por mujeres, todas ellas fuera de lo común y que, en su mayoría, han dejado huella en la historia.

Conocido en la historia de Francia como el «Castillo de las Damas», Chenonceau fue construido en 1513 por Katherine Briçonnet, embellecido sucesivamente por Diana de Poitiers y Catalina de Médicis, y salvado de los rigores de la Revolución por Madame Dupin.

La omnipresente huella femenina lo ha preservado de los conflictos y las guerras para transformarlo desde siempre en un lugar de paz.

El castillo de Chenonceau posee una excepcional colección museística de pinturas de grandes maestros: Murillo, Tintoreto, Nicolas Poussin, Correggio, Rubens, Primaticcio, Van Loo… así como también, una rarísima colección de tapicerías de Flandes del siglo XVI.

 

A lo largo de su historia, este emblemático castillo no ha dejado de atraer a los talentos y de inspirar a los más grandes artistas. Transmitir la belleza, conjugar la elegancia de la arquitectura y la del espíritu, es también compartir un estilo de vida refinado.

 

En el castillo de Chenonceau, el arreglo floral de cada una de las estancias, suntuosamente amuebladas, añade aún más refinamiento. La habitación de las cinco reinas, el salón Luis XIV, la gran galería sobre el Cher, las sorprendentes cocinas construidas en los pilares del puente, el Gabinete Verde de Catalina de Médicis… Paso a paso, Chenonceau transporta al visitante a través de la historia, sus sueños y secretos.

 

Castillo visionario, del Renacimiento al Siglo de las Luces, Chenonceau se ha ido enriqueciendo permanentemente con la innovación y el legado de los mayores pensadores y filósofos de su tiempo. Los visitantes, llegados del mundo entero, descubren hoy la calidad de su acogida gracias a una visita libre o audioguiada con el iPod vídeo (en 11 idiomas).

 

Castillo de Chenonceau
37150  Chenonceau
Tel. +33(0)2 47 23 44 06
Fax: +33(0)2 47 23 44 14
E-mail: welcome@chenonceau.com
Web: www.chenonceau.com   http://www.bloischambord.es/descubrir/nuestros-castillos/castillo-de-chenonceau.      Imprescindible web

si quieres visitar El Valle del Loira.

 
 
 
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Puente Milvio: el puente de los candados del amor en Roma.

Erase una vez un puente romano, construido en el 206 A.C por el cónsul Cayo Claudio Nerón, que dio nombre hasta a una batalla. Pero el pobre puente no podía imaginar que su gran batalla sería dos milenios después, cuando al escritor italiano Federico Moccia se le ocurrió, como escena para una de sus novelas (Tengo ganas de tí) el que sus personajes  sellaran  su amor escribiendo sus nombres en  un candado y enganchándolo  a una de las farolas del puente, tirando después  la llave al Tíbet. Hasta ahí muy bien, pero la novela y la posterior película  calaron bastante entre parejas de  jóvenes , y no tan jóvenes, que no sólo saturaron este puente de” candados del amor”, sino tantos otros de todo el mundo (pocas ciudades se habrán librado de ellos).

El 13 de abril del 2007 el peligro se hizo evidente al caer una de las farolas por el peso de tanto hierro añadido. El ayuntamiento romano, conocedor que el  puente del amor era el lugar más visitado de la ciudad ( ¡manda cohones!! )  colocó unos postes de hierro para los candados , que también se llenaron, añadiendo aún más peso al pobre puente romano, que estuvo a punto de venirse abajo.

En septiembre del 2012 operarios del ayuntamiento retiraron todos los candados y  hay una prohibición expresa (me imagino que con fuerte multa) para que ni uno más.

Lo mismo que se exportó el problema (la dichosa moda) se exportó la solución. Parece ser que el escritor se indignó muchísimo. Federico es que las lía parda.

Así que si estáis pensando en viajar a Roma y colocar un candado  en el Puente MIlvio con el nombre de vuestro enamorado/a, mejor lo compráis pequeñito  , para usarlo en la maleta, que también puede ser muy romántico.

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FELIZ DIA DE LA MADRE. Poesía de Alfredo Espino.

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

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AL otro lado del Tíber.

Precisamente el barrio del Trastevere debe su nombre a su situación en la ciudad: trans Tevere (al otro lado del río Tevere=Tíber) . Y como pasa en tantas otras ciudades surgidas a los lados del río(desde Londres a Málaga(con Trinidad y el Perchel, o en Sevilla con Triana), el río separa  la zona de la gente pudiente de  los arrabales .

Aun se conservan las puertas de acceso a la ciudad, de cuando estaba amurallada, y sus calles adoquinadas, dando le un aspecto entre medieval y bohemio, donde  conviven a la perfección   tiendecitas, iglesias ,  academias internacionales , residencias estudiantiles, con      multitud de trattorías  y cantinas.

La vida del barrio se organiza  en torno a la piazza donde se situa la Basílica de Sta María in Trastevere, desde allí perderse es fácil, y a la vez recomendable.

Santa María in Trastevere  fue fundada por el papa Calixto I en el siglo III. En el exterior destacan sus mosaicos  dorados y  su campanario es del siglo XII.  Una vez en el interior, se distinguen tres naves, separados por columnas traídas de las termas de Caracalla.

Al principio de la nave a mano izquierda se encuentra la escultura de San Antonio, de la que se dice  concede deseos.

Como se llega:

Tranvía: Trastevere/Mastai, línea 8.
Autobús: líneas 23, 280 y 780.