Publicado en rincones del mundo, roma, VIAJES

Puente Milvio: el puente de los candados del amor en Roma.

Erase una vez un puente romano, construido en el 206 A.C por el cónsul Cayo Claudio Nerón, que dio nombre hasta a una batalla. Pero el pobre puente no podía imaginar que su gran batalla sería dos milenios después, cuando al escritor italiano Federico Moccia se le ocurrió, como escena para una de sus novelas (Tengo ganas de tí) el que sus personajes  sellaran  su amor escribiendo sus nombres en  un candado y enganchándolo  a una de las farolas del puente, tirando después  la llave al Tíbet. Hasta ahí muy bien, pero la novela y la posterior película  calaron bastante entre parejas de  jóvenes , y no tan jóvenes, que no sólo saturaron este puente de” candados del amor”, sino tantos otros de todo el mundo (pocas ciudades se habrán librado de ellos).

El 13 de abril del 2007 el peligro se hizo evidente al caer una de las farolas por el peso de tanto hierro añadido. El ayuntamiento romano, conocedor que el  puente del amor era el lugar más visitado de la ciudad ( ¡manda cohones!! )  colocó unos postes de hierro para los candados , que también se llenaron, añadiendo aún más peso al pobre puente romano, que estuvo a punto de venirse abajo.

En septiembre del 2012 operarios del ayuntamiento retiraron todos los candados y  hay una prohibición expresa (me imagino que con fuerte multa) para que ni uno más.

Lo mismo que se exportó el problema (la dichosa moda) se exportó la solución. Parece ser que el escritor se indignó muchísimo. Federico es que las lía parda.

Así que si estáis pensando en viajar a Roma y colocar un candado  en el Puente MIlvio con el nombre de vuestro enamorado/a, mejor lo compráis pequeñito  , para usarlo en la maleta, que también puede ser muy romántico.

Anuncios
Publicado en rincones del mundo, roma, VIAJES

AL otro lado del Tíber.

Precisamente el barrio del Trastevere debe su nombre a su situación en la ciudad: trans Tevere (al otro lado del río Tevere=Tíber) . Y como pasa en tantas otras ciudades surgidas a los lados del río(desde Londres a Málaga(con Trinidad y el Perchel, o en Sevilla con Triana), el río separa  la zona de la gente pudiente de  los arrabales .

Aun se conservan las puertas de acceso a la ciudad, de cuando estaba amurallada, y sus calles adoquinadas, dando le un aspecto entre medieval y bohemio, donde  conviven a la perfección   tiendecitas, iglesias ,  academias internacionales , residencias estudiantiles, con      multitud de trattorías  y cantinas.

La vida del barrio se organiza  en torno a la piazza donde se situa la Basílica de Sta María in Trastevere, desde allí perderse es fácil, y a la vez recomendable.

Santa María in Trastevere  fue fundada por el papa Calixto I en el siglo III. En el exterior destacan sus mosaicos  dorados y  su campanario es del siglo XII.  Una vez en el interior, se distinguen tres naves, separados por columnas traídas de las termas de Caracalla.

Al principio de la nave a mano izquierda se encuentra la escultura de San Antonio, de la que se dice  concede deseos.

Como se llega:

Tranvía: Trastevere/Mastai, línea 8.
Autobús: líneas 23, 280 y 780.

 

 

Publicado en rincones del mundo, VIAJES

Roma en menos de 1000 palabras y los pequeños placeres de la vida.

Mi momento inolvidable en Roma podría haber sido ese rato que con los ojos bien  abiertos  estuve bajo la Capilla Sixtina.  O cuando al entrar  en el Coliseo, creí sentir el clamor de las gradas (cuando en realidad  ya casi no queda  ni piedra).  Vale, resultó  ser  un grupo de orientales  que había visto “Gladiator” y andaban como locos  emulando los gestos para las fotos .Dicen que los latinos gritamos mucho y los asiáticos en cambio nada, pues   éstos  ya se estaban adaptando perfectamente a nuestro gentío.

Podría haber sido, pero tampoco es,  ninguno de aquellos  momentos  en los que callejeando sin rumbo fijo, siempre llegaba al mismo sitio: la Fontana de Trevi.  No creo que deba su tirón mediático a la  famosa escena de la  Dolce Vita ni a ninguna de las películas que allí han rodado, que deben ser muchísimas. Simplemente es porque  ese  lugar es como si te atrajese sin remedio, y como si te correspondiese en afecto, porque aunque esté inundada de gente, “la Mamma Fontana”   siempre tiene ese hueco fresco  para que, vengas de donde vengas  te sientes  un rato  a su lado a descansar  a su lado . Tires o no la moneda a la fuente, si vuelves a Roma, volverás a  visitarla y ella a acogerte.

Sentí  el   inevitable  ataque de espiritualidad católica  cristiana al entrar en la basílica de S. Pedro.  Es normal, pues   se construyó así de majestuosa  e impresionante para  ese fin. Es lo que se consigue si  se ponen muchos medios y los  mejores artistas  del momento al servicio de la Iglesia.

Después de tanta divinidad  , era  necesario también  dejarse   llevar   por lo más   mundano,  y detenerse cámara en mano  frente  a    fachadas  que no  permanecen   desconchadas  por dejadez sino porque   el maestro tiempo  también quiere dejar constancia de su paso por la Ciudad Eterna.  Me estoy refiriendo al Trastevere, El Barrio Judío  o cualquier otra zona de callejuelas  gastadas, estrechas , frescas, y sobretodo    vividas, muy vividas.  Que gustazo si además las saboreas mientras  te comes   unos  ricos albaricoques comprados en el mercado del Campo de Fiori.

Qué triste está   la escalinata de la Plaza España sin flores, no parece ella. Aunque siga   acompañada   por visitantes de todo el mundo estratégicamente  sentados  buscando la sombra.

Y para sombras bien planificadas, las de la plaza Nabona. Los restaurantes de ambos lados  de la plaza ofrecen sus   servicios en las terrazas  acorde a las horas que reciben  el  sol  o  la  sombra.  Hasta que el  amigo “Lorenzo” no  se va por completo no  se aprovecha ni   luce entera. Entonces llegan los pintores de  paisajes y caricaturas, el bullicio de la noche,  lo  paseos  después de una buena cena.

 

Tampoco  me dejaron indiferente los atardeceres romanos. El presenciar como los tonos anaranjados del cielo se iban fundiendo  con el ocre de los edificios dando como resultado una luz especial .Que mejor momento para hacer un alto en el camino y disfrutarlos cuando además las piernas, y sobre todo los pies te pedían un  merecido respiro.

Pero sin embargo,  lo que semanas después más añoro es ese café con vistas a  la Rotonda, y a  su imponente inquilino: el  Panteón.  Me encantaría estar repitiendo ahora  el  que

fue mi  dulce ritual   durante esos días. Me dirigía a la caja, pagaba el 1,20 euros  correspondiente  para después, con el ticket , dirigirme a una de esas  barras   de madera  que lo mismo pueden tener 100 años  que aguantar otros 100 más.  Y después me sentaba,  sencillamente a ver la vida pasar. Con el  olor a café seduciéndome, mientras   movía esa crema que ya antes de probarla la estaba saboreando con  los ojos.    El sonido de la cuchara chocando con la taza. Si el arte se define como algo que te llega a los sentidos. Este arte me esperaba caliente  en mis manos. Y por fin : el gusto.

Los pequeños grandes placeres de la vida.